jueves, 18 de mayo de 2017

El sexo, la sal de la vida sin ninguna discusión



Podríamos ponernos románticos y decir que lo que le da sentido a la vida es el amor, qué duda cabe. Pero la vida es bastante pragmática, y todos sabemos que el amor lleva sin ninguna duda al sexo, y que eso es el lazo que une a las parejas que se dicen enamoradas; de hecho, cuando esto falla, la pareja está abocada al fracaso y acaba por separarse.

Nos hemos convencido que el sexo sin amor no existe, que es el segundo lo que desencadena el primero, y que lo que en realidad llamamos atracción es el principio de algo más profundo. Cuando digo que hay muchas parejas que echan un polvo y que después si te he visto no me acuerdo sin que pase nada, los defensores de esta teoría me cuentan que hay otros factores que intervienen para que se separen, y no que no vayan a ser capaces de enamorarse; y yo contraataco diciéndoles que también muchas parejas que dicen amarse acaban separándose, sin que el amor sea el pegamento universal para las relaciones entre hombres y mujeres, u homosexuales.  Y entonces me tachan de incrédula y poco romántica, y con eso creen estar convenciéndome, cuando es totalmente al contrario.

A ver, no tengo nada contra las personas que se enamoran y se convierten en pareja; pero creo que sería mucho más sano todo lo contrario, parejas follando que gracias a su complicidad sexual descubren que tiene otras cosas en común. Sería tan fácil como no comernos la cabeza con todo lo que podría venir después en cuanto conocemos a una persona que nos atrae, y disfrutar del momento; y creo que estaremos de acuerdo en que no hay mejor manera de disfrutar entre personas que el sexo, ¿verdad? Claro, siempre que éste se practique de forma sana, respetando los gustos de la otra persona y sin querer imponerle nada, que eso es importante.

Por eso, creo de verdad que deberíamos usar el sexo como una forma de diversión y de compartir con alguien (o con algunos, no hay que cortar las alas a nadie) un rato de placer, sin complicarnos la vida pensando en el futuro ni en compromisos. No quiere eso decir que abogue por la promiscuidad; no se trata de follar por follar, sino de hacerlo con quien nos haga sentir su atracción, pero sin malos rollos posteriores ni promesas que muchas veces no se pueden cumplir.